Algunas veces caminamos mucho, una y otra vez, pasamos por el mismo lugar, nos quedamos, nos vamos, volvemos y nada cambia o todo cambia y aquel bar que era notable, deja de serlo. Quiza en el paisaje nada cambio, pero el cambio; el verdadero es el que no notamos hasta que no caminamos, ni vamos, ni venimos, sencillamente sin movernos en nuestro interior fluye, lo que fluye nos transmuta, quedamos frente a frente, suspendidos ante nuestro interior, asumiendo lo que esencialmente desde que existimos, somos..... humanos.
Mágica adrenalina alrededor, cayendo del vuelo sentís con más intensidad, respiras, te materializas ante el celeste y cielo!. Calidez envolvente que en postales de amanecer se vuelven besos, los pacientes pasos compartidos; de tu mano amanece el otoño. Ingenuidad, iridiscente conexión natural. Perdí una perla en la inmensidad, amparaste mi alma en tu abrazo; namasté!
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